Cómo se corrigen los errores
Los errores se corrigen en el mismo lugar donde aparecieron, con una nota fechada, y nunca en silencio.
La corrección va en el sitio
Cuando se confirma un error, se corrige en el mismo artículo y se deja una nota con la fecha en que se hizo el cambio. El texto original no se borra sin dejar rastro: la nota explica qué se cambió y por qué.
Esa práctica aplica a cifras, nombres de plataformas, métodos de pago y cualquier dato verificable. Si el error afecta un cálculo, se revisa también el ejemplo completo para que el lector no quede con una cifra a medias.
Por qué ninguna entrada del historial se borra, ni siquiera las incómodas
Ninguna entrada se borra porque el historial sirve precisamente para mostrar lo que la página decía antes, incluido lo que preferiríamos no haber escrito. Borrar una corrección incómoda convertiría el registro en un escaparate y no en una prueba. Si un lector vio una cifra equivocada y luego la ve desaparecer sin rastro, no puede saber si la enmendamos o si simplemente la escondimos. La entrada permanece con su fecha y su motivo, aunque el texto vigente ya no contenga el error. Esa permanencia es la que hace creíble el resto del historial.
Tampoco se borra una entrada cuando la corrección posterior la deja obsoleta. Si corregimos un dato y luego una actualización lo vuelve a cambiar, las dos entradas conviven en orden cronológico. El lector puede reconstruir la secuencia completa y ver que la página no saltó de una versión a otra sin explicación. Esa acumulación es útil: muestra cuántas veces se movió un dato y por qué, algo que un historial depurado ocultaría. La única razón para no publicar una entrada es que el cambio sea de forma y no afecte ninguna afirmación verificable.
La página puede cambiar de diseño, de orden de secciones o de redacción general, pero el registro se conserva íntegro en su contenido. Si alguna vez migramos el historial a otro formato, mantendremos las fechas y los textos de cada entrada, porque la fecha es parte del dato. No prometemos que el historial sea eterno en el mismo soporte técnico, pero sí que ninguna entrada se elimina por conveniencia editorial. Esa regla es la misma que aplicamos a la advertencia regulatoria: no se suaviza ni se retira cuando resulta incómoda para la lectura comercial.
Cómo se registra y se fecha una corrección en el historial
Cada corrección se registra como una entrada fechada con el día en que se publica el cambio, no con el día en que alguien la notó. La entrada indica la sección afectada, el dato que decía antes y el que dice ahora, y la fuente o verificación que motivó el ajuste. La fecha queda visible junto al texto corregido, de modo que un lector que llegue después sepa desde cuándo rige la versión actual. No usamos fechas relativas ni “actualizado recientemente”: usamos día, mes y año, porque el historial debe poder contrastarse con la fecha de una fuente externa.
El registro se ordena de la corrección más reciente a la más antigua y conserva la entrada original aunque el texto ya se haya vuelto a tocar. Si una misma sección se corrige dos veces, aparecen dos entradas, cada una con su fecha y su motivo. Eso permite reconstruir qué decía la página en un momento dado sin depender de copias de terceros. La fecha de la corrección no reemplaza la fecha de publicación original del artículo: ambas conviven, porque una cosa es cuándo se escribió y otra cuándo se enmendó.
El registro no incluye datos personales de quien reportó el error ni conversaciones internas. Solo publica lo necesario para que el cambio sea verificable: qué se cambió, cuándo y con base en qué. Si la corrección afecta una cifra operativa, como el margen de un lote de oro, la entrada lo dice de forma explícita y remite a la fuente que se usó para el cálculo. Así el historial sirve tanto al lector que quiere entender el cambio como al que necesita auditar la página sin pedir permiso a nadie.
Qué hacemos cuando la fuente misma cambia sin avisar
Cuando una fuente cambia sin aviso, la tratamos como un cambio de contexto y no como un error nuestro, siempre que el texto coincidiera con la versión que citamos en su momento. La respuesta es registrar una actualización fechada que indique qué decía la fuente antes y qué dice ahora, y ajustar el texto para que coincida con la versión vigente. No borramos la entrada anterior ni la reescribimos: queda como constancia de lo que afirmábamos cuando la fuente decía otra cosa. Eso es distinto de una corrección, porque el dato no estaba mal cuando se publicó.
Si la fuente cambia y el texto queda en contradicción con ella, el lector puede verlo en el registro antes de que terminemos de reescribir la sección. Por eso la entrada se publica en cuanto detectamos el cambio, aunque la redacción nueva tarde un poco más. En ese intervalo, la página muestra la nota de actualización pendiente y el enlace a la fuente vigente, para que nadie opere con un dato viejo creyendo que sigue respaldado. La prioridad es que el lector sepa que la fuente se movió, no que la página se vea impecable.
No intentamos adivinar por qué la fuente cambió ni publicamos interpretaciones sobre su intención. Describimos el hecho verificable: la fuente decía X y ahora dice Y, en tal fecha. Si la fuente elimina el contenido anterior y no deja archivo, lo decimos también, porque esa ausencia es información relevante para quien quiera comprobar el historial. La página no inventa una explicación que la fuente no da, y esa contención es la misma que aplicamos a cualquier afirmación sobre el mercado de oro o sobre la autorización de FxPro en Colombia.
Cómo reportar un error
Un lector puede reportar un error escribiendo a editor@bogotacuentaco.com, indicando la página y el dato que considera incorrecto. Ayuda mucho incluir la fuente que respalda la observación, como un documento del bróker o una captura de la condición vigente.
No prometemos un plazo de respuesta en horas ni en días. Lo que sí se garantiza es que el reporte se lee, se contrasta con la fuente y, si el error se confirma, se corrige con la nota fechada correspondiente.
Los tres tipos de cambio —error, actualización y aclaración— y su marca en el texto
Cada cambio sustantivo se marca con uno de tres tipos y esa marca aparece junto a la entrada del registro. Error es un dato que no coincidía con la fuente o que afirmaba como cerrado algo que dependía de condiciones no dichas. Actualización es un dato que era correcto y dejó de serlo por el paso del tiempo o por un cambio en la fuente. Aclaración es un texto que no era falso pero se prestaba a una lectura equivocada, y se reescribe para que la interpretación correcta sea la única posible. La marca no es decorativa: define qué puede esperar el lector.
En el cuerpo de la página, la marca se refleja en una nota breve fechada que indica el tipo de cambio y remite al registro. No usamos negritas ni símbolos para señalar la corrección dentro del párrafo, porque el lector debe poder leer el texto vigente sin distracciones. La nota va al final de la sección afectada y dice, por ejemplo, que una cifra de margen se corrigió por error de cálculo, o que una referencia regulatoria se aclaró para no atribuirla a la autoridad equivocada. El registro conserva el detalle completo.
La aclaración es la más delicada de las tres porque no siempre hay un dato numérico que cambie. Si una explicación sobre el pip del oro, que es 0.01, se podía leer como si el pip dependiera del tamaño de la cuenta, la reescribimos y la marcamos como aclaración. No la presentamos como error porque el número era correcto, pero tampoco la dejamos pasar como actualización porque no cambió el contexto. Esa tercera categoría evita que el lector tenga que elegir entre dos etiquetas que no describen lo que pasó.
Quién decide que algo se corrige y en cuánto tiempo se publica
La decisión de corregir la toma quien mantiene la página, con base en la verificación contra la fuente citada, y no se somete a votación de lectores ni a un comité externo. Un reporte de lector abre la revisión, pero no obliga a publicar un cambio si la fuente confirma que el texto estaba bien. El plazo para resolver una revisión es de días hábiles desde que se recibe el reporte con el dato concreto y la fuente que lo contradice. Si el reporte no identifica la sección ni la fuente, se responde pidiendo ese dato antes de empezar a contar el plazo.
El tiempo de publicación depende de la naturaleza del cambio. Una cifra equivocada de margen o una referencia regulatoria mal atribuida se corrigen en la primera revisión útil, porque afectan una decisión de dinero o de autoridad. Una aclaración de redacción puede tomar más, porque exige reescribir sin alterar el sentido técnico. En todos los casos, la entrada del registro se publica el mismo día en que el texto cambia, no después. No anunciamos una corrección que todavía no está en la página, porque eso sería otra forma de imprecisión.
Nadie fuera del equipo de la página decide el contenido de la corrección, pero cualquier lector puede verificar el resultado contra la fuente que citamos. Si la fuente es un documento del regulador, la entrada remite a ese documento; si es un cálculo propio, la entrada muestra la fórmula y los valores usados. Esa división evita dos extremos: que la página se vuelva rehén de un reporte sin fundamento, y que el equipo corrija sin dejar rastro comprobable. La autoridad final sobre lo que dice la página es la fuente, no la opinión de quien la mantiene.
Por qué el registro de cambios queda a la vista de cualquiera
El registro es público porque una página sobre oro y apalancamiento se usa para tomar decisiones con dinero, y el lector tiene derecho a ver qué se enmendó y cuándo. Mantenerlo oculto convertiría la corrección en un gesto privado sin efecto para quien ya leyó la versión anterior. Al dejarlo a la vista, cualquiera puede comprobar si el dato que recuerda coincide con el vigente y si el cambio tuvo una razón verificable. Eso es especialmente relevante cuando la página menciona el límite de apalancamiento de 1:30 para retail y el margen de unos $85.50 para 0.10 lotes de XAU/USD.
La publicidad del registro también protege al lector de una promesa vacía. No decimos “corregimos con transparencia” y dejamos que nos crean: mostramos la entrada con fecha y contenido. Si un lector detecta que el texto cambió sin entrada correspondiente, tiene una señal concreta para desconfiar del resto. Esa trazabilidad es la misma que exigiríamos a cualquier fuente que citamos, y por eso la aplicamos a nuestro propio texto antes que a nadie.
El registro no se publica para lucirse ni para llenar la página de avisos. Se publica porque el historial es parte de la información, igual que la advertencia de que FxPro está autorizada por la FCA y la CySEC y no por la Superintendencia Financiera de Colombia. Un lector colombiano que opera con una entidad extranjera necesita saber no solo qué dice la página hoy, sino qué decía antes y por qué cambió. Sin eso, la advertencia regulatoria sería un texto sin historia y sin forma de comprobar su vigencia.
Cómo puede un lector comprobar el historial de una página por su cuenta
El lector puede comprobar el historial abriendo el registro de cambios de la página y contrastando la entrada con la fuente que ella misma cita. Cada entrada indica la sección, la fecha, el tipo de cambio y el dato anterior y nuevo. Con esos cuatro elementos, cualquiera puede verificar si el texto vigente coincide con la última entrada y si la fuente respalda el cambio. No hace falta pedir acceso ni registrarse: el registro está en la misma página, junto al texto que describe. Esa es la forma más directa de auditar sin depender de nuestra palabra.
Para comprobar una cifra operativa, el lector puede reproducir el cálculo con los datos que damos. Por ejemplo, el margen de una posición de 0.10 lotes de XAU/USD a 1:30 se puede recalcular con el tamaño del lote, que es de 100 onzas, y el precio de referencia de aproximadamente 4275.0. Si el resultado no coincide con el que muestra la página, la entrada del registro debe explicar por qué. Esa reproducibilidad es la prueba práctica de que el historial no es un adorno: si el cálculo no se puede repetir, la entrada no está bien hecha.
También puede comparar la fecha de la entrada con la fecha de la fuente externa. Si la fuente cambió después de nuestra última entrada y el texto no lo refleja, el lector tiene un indicio concreto de que falta una actualización. Ese contraste es la manera de detectar un historial incompleto sin acusar a nadie: la diferencia de fechas habla por sí sola. La página no pide confianza ciega; pide que el lector use las mismas fuentes que usamos nosotros y saque su conclusión con lo que ve.
Corrección no es lo mismo que actualización: qué cambia en cada caso
Una actualización agrega o reemplaza información porque el contexto cambió, no porque lo publicado estuviera mal. Si el precio de referencia del oro se mueve y la página muestra una referencia aproximada nueva, eso es una actualización: el dato anterior era correcto para su momento. En cambio, una corrección enmienda un dato que nunca debió afirmarse así, como atribuir la supervisión a la Superintendencia Financiera de Colombia cuando la entidad que sirve al país opera bajo otra autorización. La diferencia importa porque el lector decide distinto según si el texto estaba equivocado o simplemente quedó viejo.
En el registro, la actualización se marca como tal y no se presenta como un error subsanado. La corrección, en cambio, lleva la etiqueta de corrección y explica qué estaba mal. Esa distinción evita dos males: que una página que se mantiene al día parezca llena de errores, y que un error real quede disfrazado de simple puesta al día. Para el lector de oro en Colombia, saber si el cambio de una cifra fue por error o por paso del tiempo cambia la confianza que puede depositar en el resto del texto.
La actualización tampoco se usa para esconder un cambio de criterio. Si decidimos reescribir una explicación porque la anterior inducía a error, eso es corrección aunque el dato numérico no cambie. La regla interna es que toda modificación sustantiva de una afirmación verificable se registra con su tipo, y solo las modificaciones de forma, como ortografía o estilo, quedan fuera del historial. Así el lector no tiene que adivinar por qué la página dice algo distinto a lo que decía ayer.
Qué cuenta como un error que merece registro en esta página
Un error registrable es cualquier dato de la página que no coincida con la fuente que citamos o que induzca a una decisión equivocada sobre el instrumento. En nuestra página de correcciones, eso incluye una cifra equivocada de lote, pip o margen para XAU/USD, un código de instrumento mal escrito, una referencia regulatoria atribuida al regulador equivocado o una fórmula que, al aplicarla, dé un resultado distinto al que mostramos. No registramos como error una opinión, un ejemplo hipotético ni una explicación que el lector considere incompleta; eso se atiende por otra vía.
También califica como error un enlace que lleva a una fuente que ya no dice lo que afirmamos, o una mención de un método de fondeo que no esté entre los que operamos para Colombia, como tarjetas, transferencia bancaria o billeteras electrónicas. Si el texto afirma una cifra de spread, comisión, swap o depósito mínimo sin que tengamos ese número verificado, lo tratamos como error de publicación y lo corregimos. El criterio es simple: o el dato se puede contrastar con la fuente, o no debe estar afirmado como un hecho cerrado en la página.
No todo lo que un lector cambia en su cabeza es un error nuestro. Si alguien opera con otro bróker, otra entidad o desde otro país y el resultado no le coincide, revisamos igual, pero solo lo registramos si la página indujo la confusión con una afirmación nuestra. El registro público existe para dejar constancia de que el texto cambió por una razón verificable, no para acumular quejas. Por eso cada entrada del registro describe el dato anterior, el dato corregido y la fuente que permitió establecer la diferencia, sin nombres de personas ni promesas de rendimiento.
Error no es lo mismo que cambio
Si una condición cambió desde la fecha en que se revisó, no es un error: es una revisión. Por ejemplo, si un bróker modificó sus métodos de fondeo o el apalancamiento disponible, la ficha se actualiza y se anota la nueva fecha de lectura.
Esa distinción importa porque protege la utilidad del archivo. Un dato correcto en su momento no se marca como fallo; se vuelve a verificar y, si ya no aplica, se reemplaza con la condición actual y la fecha en que se confirmó.